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Los barrios de la Zona Sur de Cochabamba toman el desafío del agua

11 noviembre, 2009

Queridos Lectores y Lectoras:

Hoy les ofrecemos una edición especial del Blog, el cual costó mucho trabajo producir por parte de un equipo de personas.

Hace una década atrás, las calles de Cochabamba se hicieron conocer por todo el mundo, debido a que miles de habitantes de dicha ciudad lucharon para recuperar su sistema público de agua que estaba en las manos de Bechtel- en la ahora conocida Guerra del Agua.  En los días de esa revuelta y en los diez años que le siguieron, el Centro para la Democracia ha escrito mucho sobre estos eventos – Blogs, notas informativas, artículos de revista, capítulos de libros y más.

A medida que se acerca el 10° aniversario de la Guerra del Agua, vamos a volver a ella, para investigar más profundamente, y examinar un pregunta básica – ¿Qué influencia tuvo?  Ya hemos escrito mucho sobre el asunto, incluyendo éste capítulo de nuestro libro reciente “Desafiando la Globalización”.  Estos trabajos escritos no han sido versiones pulidas de esa historia.  Han incluido informes de los problemas en curso con la empresa pública de agua de Cochabamba, junto con las historias del heroísmo y coraje asociadas con la recuperación del agua, hace una década atrás.

Con este Blog nos queremos centrar en una parte muy específica de la historia de la Postguerra del Agua, una de las menos conocidas: ¿Cómo los sectores empobrecidos del sur de Cochabamba han tomado en sus propias manos el reto de conseguir agua?

Para mostrar esa historia, les presentamos un nuevo e importante video, que examina el tema y muestra directamente a los sectores involucrados, y a sus líderes.  Además, tenemos un artículo extenso, abajo.  Debido a su duración, que es 15 minutos, hemos separado el video en dos partes.

La producción del video y del Blog fue un esfuerzo colectivo por parte del equipo del Centro para la Democracia, pero en particular, de Elizabeth Cooper, estudiante de Mt. Holyoke College en Massachusetts que se unió con nosotros para trabajar en el proyecto durante parte de su verano, junto con dos miembros del Centro para la Democracia, Leny Olivera y Aldo Orellana.  Creo que verán algo que realmente vale la pena mirar y leer.

Esta es solamente la primera entrega de lo que esperamos que sea una serie de trabajos reflexivos sobre el legado de la Guerra del Agua, culminando en la 10° aniversario el próximo abril.

Jim Shultz

Los sectores más pobres de Cochabamba asumen del desafío del agua

Escrito por Elizabeth Cooper

El año 2000, la tentativa del Banco Mundial, del gobierno boliviano y de la compañía Bechtel de California, de privatizar el sistema de agua de Cochabamba, desembocó en una poderosa revuelta popular.  La empresa pública de agua, SEMAPA (Servicio Municipal de Agua Potable y Alcantarillado), retomó el control sobre el sistema de agua después de que Bechtel fue expulsada.

Sin embargo, la exitosa revuelta en contra de la privatización no detuvo la lucha sobre el acceso y control del agua en la ciudad.  Desafortunadamente, los continuos problemas  de irresponsabilidad de SEMAPA, la corrupción institucional y la ineficiencia, sólo han aumentado el descontento popular con el modelo público de gestión del agua.

La frustración por el fracaso de ambos modelos – público y privado – generó mucho interés en una alternativa que cuestiona esta dicotomía pública/privada.  De hecho, después de la expulsión de Bechtel, los pedidos de control social sobre la empresa pública dieron lugar a la elección de “directores ciudadanos”, que iban a cerrar la brecha entre la burocracia de la empresa y el pueblo. Sin embargo, menos de un año después, cuando las elecciones para ocupar esos puestos fueron celebradas, la pasión del pueblo se había disipado y solamente voto el 4% de la población.

La búsqueda de agua en el Sur empobrecido de Cochabamba

En la zona Sur de la ciudad, sin embargo, donde nunca ha llegado realmente el servicio de agua de SEMAPA, el “control público/social” sobre el agua implica un nivel completamente distinto de responsabilidad y participación.  Muchos barrios han desarrollado cooperativas de agua, a través de las cuales han construido la infraestructura de pozos, bombas y tuberías para conectar sus viviendas a la red local de agua.  Se han organizado en asambleas, reuniones que deciden en consenso, en las cuales participa toda la comunidad.  A su vez, estas asambleas eligen Presidentes, los cuales no son remunerados y cuyo servicio alterna entre los miembros de la comunidad.  Los Presidentes responden  a la máxima autoridad que es la asamblea.

La Cooperativa Primero de Mayo se encuentra en un barrio del distrito 9 de Cochabamba, a unos 9 kilómetros al sur del centro de la ciudad.  En su oficina, Don Zenón, el presidente de la cooperativa, describe el origen de la organización.  Nos comenta que en 1989, cuando el barrio de Primero de Mayo era todavía un poblado pequeño, los vecinos comenzaron a desarrollar conjuntamente un sistema para distribuir el agua.  Descubrieron una fuente de la cual fluía el agua en una cantidad de medio litro por minuto.  Primero transportaron el agua en envases de leche sobre los lomos de burros.  Luego construyeron un depósito para captar el agua de la fuente.  Con la ayuda de una ONG, pudieron construir un tanque más grande para almacenar el agua.  Después, con una pequeña subvención y las contribuciones de los mismos residentes, cavaron un pozo.  Cuando cavaron el pozo, necesitaron electricidad para hacer funcionar la bomba, y ellos mismos se encargaron de traerla desde un pueblo vecino. Cada uno de los 45 residentes contribuyó 50 dólares para tender los cables.

Después de cavar el primer pozo, Don Zenón dice que comenzó a llegar cada vez más gente.  Continuaron expandiéndose cavando más pozos, hasta que tuvieron tres.  “La gente seguía llegando,” dice. “Y con más gente, hay más problemas.  Pasaron muchas cosas – se pelearon los vecinos, se perdió el dinero, pero fuimos capaces de mantener el sistema.  Después de eso vino la idea de organizar una cooperativa. En el periodo previo a la Guerra de Agua, en 1999, empezamos a organizar la cooperativa, y fue creado el año 2000.”  La cooperativa Primero de Mayo actualmente presta servicio a 1000 familias.

La cooperativa Villa Venezuela, también ubicada en la zona sur de Cochabamba, nació de un proceso similar.  Los residentes de lo que era en ese momento un pequeño poblado, contribuyeron con dinero y se asociaron en colaboración con una congregación católica, para construir su primer pozo.  A medida que crecía la comunidad, buscaron otras formas financiación y siguieron cavando pozos.  Como crecía el sistema de agua, también creció la población.  El sistema actual consiste en tres depósitos elevados y pozos.  Doña Silvia Martínez, una de las administradoras de la cooperativa, dice que actualmente prestan el servicio a 270 familias.

Como en Villa Venezuela y Primero de Mayo, la mayoría de la Zona Sur de Cochabamba no es atendida por SEMAPA.  En barrios que no cuentan con cooperativas ni sistemas de agua, los residentes deben comprar su agua de aguateros, que son camiones que pasan por las calles vendiendo agua de una calidad no garantizada y generalmente peligrosa, y a un precio de cinco a diez veces más que el precio del agua que SEMAPA suministra en el centro de la ciudad.  Mientras que el agua que va del sistema de SEMAPA a las casas del centro cuesta 2 o 3 Bs. ($.30 a $.40 USD) por metro cúbico, el agua de mala calidad que los residentes de la Zona Sur están obligados a comprar de los aguateros cuesta alrededor de 25 Bs. ($3.60 USD) por metro cúbico.

A pesar de que la Zona Sur constituye casi dos tercios del área de la municipalidad de Cochabamba, y que su población representa la mitad de la de la ciudad de Cochabamba, la Zona Sur es tratada muchas veces como un área marginal a la cual la municipalidad atienden al final, si es que la atiende.  Para Ramiro Balderrama, un investigador sobre la Zona Sur que trabaja en la Fundación Ghandi, en Cochabamba, los retos a los que se enfrentan los residentes de Cochabamba que carecen de acceso al agua, son indicativos de esa negligencia municipal. Según la Organización Mundial de la Salud, una persona requiere 50 litros diarios de agua para poder vivir de manera digna.  Incluso en tiempos de guerra o catástrofe natural, las personas necesitan por lo menos 20 litros diarios para sobrevivir.  En la Zona Sur de Cochabamba, una persona media “sobrevive” con 11 a 19 litros diarios de agua por día.  “Es como si los vecinos de la Zona Sur hubieran vivido dos tsunamis, o dos guerras de Iraq,” explica.

Contrariamente, aquellos que viven en el centro de la ciudad, disfrutan de manera fácil del acceso al agua para utilizar por lo menos 50 litros de agua por persona por día, y además disponen agua para lavar sus autos, bañar a sus mascotas y regar sus jardines.

A pesar de haber sido excluidos de los beneficios de los servicios supuestamente públicos de SEMAPA, estos barrios fueron algunos de los más activos en la resistencia contra la privatización del agua por parte de Bechtel. Junto a la decisión gubernamental de entregar SEMAPA al gigante de California, se creó una nueva ley de agua que habría requerido la otorgación de permisos gubernamentales para utilizar los pozos que los vecinos habían construido y que posiblemente iban a estar debajo del control de Bechtel.

En medio de esa amenaza, y dado la historia de los vecinos a organizarse y resistir, la privatización se convirtió en un blanco obvio de resistencia.  Muchos de esos barrios de la Zona Sur fueron habitados por ex mineros que se mudaron a Cochabamba cuando las reformas neoliberales cerraron algunas de las minas del altiplano y intentaron romper los sindicatos mineros.

Para estos bolivianos siempre ha sido claro que “el agua es vida.”  No es difícil comprender por qué se organizarían para cuestionar la idea que el agua, un recurso público y una responsabilidad compartida, tendría que llegar a ellos por manos que no sean las suyos, y especialmente por manos controladas por una corporación proveniente de un lugar lejano.

Una alternativa a la empresa pública

En algunas partes de Cochabamba, la gente luchó en la Guerra del Agua para devolver el control del agua a manos de SEMAPA.  Sin embargo, en la Zona Sur, la gente luchó para devolver el agua a otro tipo de control público.  No presionaron para volver al “status quo” de una empresa pública inefectiva.  Por el contario, lucharon contra la posibilidad que Bechtel pudiera controlar y regular el agua que ellos sacaban de sus propios pozos.  Se negaron a permitir que una corporación extranjera invalidara sus propias asambleas e impusiera un sistema de agua con fines lucrativos.

Desde este lado de la Guerra del Agua, las cooperativas de agua son vistas como la opción más viable para resolver el tema del acceso de agua en la Zona Sur.  A medida que se suman las quejas de por ineficiencia y corrupción en SEMAPA y que se expande la buena reputación de las cooperativas, algunos acreedores extranjeros están dispuestos a prestar dinero a las cooperativas mismas para proyectos de desarrollo en vez que a la empresa municipal.  Abraham Grandydier, el presidente de ASICA-SUR, que es una organización paraguas sin fines de lucro que agrupa a las cooperativas de agua en Cochabamba, explica que el origen de las cooperativas de agua nació de la idea de que para manejar la corrupción sistemática que veían en SEMAPA, el pueblo debería participar en cada nivel de la administración – gestión, administración, finanzas, todo.

Pero incluso cuando las cooperativas tienen éxito en desarrollar la organización y la infraestructura para conectar cada vez más casas a los sistemas, la escasez de agua sigue siendo un problema.  Silvia Martínez explica que incluso cuando Villa Venezuela trabaja con acreedores de la Unión Europea y de ASICA-SUR para aumentar el alcance de la red, no quiere instalar el sistema sólo para averiguar que no hay agua potable para proveer a los usuarios.  Actualmente, el agua en su sistema es salada.  La mayoría de la gente lo utiliza para lavar, aunque hay algunos que lo toman también, pero siempre con el riesgo de que sus niños y ellos mismos se enfermen, dice ella.

Villa Venezuela negocia actualmente con SEMAPA, con la esperanza de que la empresa entregue a la cooperativa agua de mejor calidad en cantidades grandes, por lo menos algunas veces a la semana, que después la cooperativa distribuiría a través de sus depósitos, explica Humberto Orellana Coca, el vicepresidente de la cooperativa.  Villa Venezuela no está muy fuera del alcance de la red de SEMAPA – es prácticamente asunto de unas cuadras, sin embargo, extender la red para incluir a estos barrios en el servicio, no ha sido una prioridad. Cuando preguntamos en Primero de Mayo si estarían interesados en un acuerdo similar con SEMAPA, el presidente de la cooperativa Don Zenón dijo irónicamente que ellos ya no creen en SEMAPA, ni siquiera para eso.  “Al principio, nosotros trajimos acá a los directores y a la alcaldía.  Nos hablaron de milagros, para que les creyéramos, y cuando vinieron, les habíamos preparado todo tipo de comida, pero después cuando se fueron para sus oficinas, ya se habían olvidado de nosotros.”

Aunque las cooperativas tengan visiones diferentes sobre cómo llevar el agua a sus comunidades, comparten el sentimiento que una vez que llegue, no le entregarán su administración a nadie más.  Para ellos si funciona.  Abraham Grandydier, el presidente de ASICA-SUR, explica como los vecinos en la cooperativa resuelven los problemas de manera efectiva al ser su propio vecino el presidente de la cooperativa,  y que no sólo aumenta enormemente la responsabilidad de la organización, sino que también facilita la comunicación abierta entre los usuarios y los administradores – quienes básicamente son los mismos vecinos.  Todas las políticas y los precios son conocidos por todos, ya que han sido decididos comunitariamente en la asamblea.  “Se decide y se hace,” dice Don Zenón.  Grandydier contrasta estas relaciones familiares utilizadas en el modelo comunal con la relación que existe entre la burocracia de SEMAPA y sus clientes, en la que los clientes no nos podrían decir cuánto cuesta su agua, mucho menos a quién pagan su cuenta mensual.  Para los miembros de las cooperativas, un servicio público es un servicio impulsado por su trabajo, según sus decisiones y llevadas a cabo por sus miembros.